
Era una aldea cerca de un gran bosque, un lugar muy bonito, con muchos niños que pasaban el día jugando en los alrededores. Uno de ellos siempre pasaba desapercibido. Era un niño pequeño y muy tímido, con unos ojos verdes que sobresalían de su carita sucia. Tenía algo en particular: Los otros niños no veían su sombra, por eso se burlaban llamándolo “El niño sin sombra”. ¿Por qué sería?
Mientras, la madre del niño, una mujer trabajadora, de carácter muy comprensivo y dulce, tenía siempre una respuesta para todo.
Un día, cansada de que se rieran de él, le preguntó a su madre:
- ¡Mamá! ¿Por qué no tengo sombra?
- Hijo mío – respondió la madre – Quiero contarte una historia que tu abuelo me narró cuando tenía tu edad…
“Se trataba de un niño que salía al bosque, a la búsqueda de su sombra y que pasaba muchas dificultades como hambre, frío y muchísimo miedo. Su única compañía eran los animalitos que iba encontrándose por el camino: conejitos, ciervos, muchos pájaros, osos y también serpientes. Tuvo que enfrentarse a algunos algo peligrosos. ¡Cuánto sacrificio para hallar su sombra!
De pronto se le apareció un duende, un ser pequeño como todos los duendes, con unas ropas muy coloridas. Además, todo su entorno brillaba, era como si estuviera en otro mundo. Era el guardián de un pequeño paraíso que sólo se podía ver en ciertos momentos del día, al atardecer.
Al encontrarlo, éste le ofrecía de beber y de comer, pues se le veía muy cansado y asustado.
Aquel niño, al sentirse protegido, se durmió profundamente y al despertarse al día siguiente, sobresaltado, descubrió que estaba rodeado de una cantidad de duendecillos que habían velado su descanso. Parecían un abanico de colores cada cual más brillante que el otro. El niño no sabía cómo hablar con el duende para explicarle y pedirle ayuda. El duende descubrió lo que necesitaba con sólo mirarlo a los ojos y entonces le dijo:
- ¿Cómo has podido pasar por tantas dificultades? ¿Por qué es tan importante para ti encontrar lo que buscas?
El niño respondió:
- ¡Quiero encontrar mi sombra porque todos tienen una y yo quiero ser como los demás!
- Creo que tienes la valentía suficiente para darte cuenta de que no es necesaria tu sombra. Todos tenemos sombras, pero son diferentes, y tal vez esta búsqueda te haya servido para saber valorar lo que tienes sin dejar de lado a los demás – dijo el duende - . Y añadió:
- No busques fuera de ti. Que nadie vea tu sombra no significa que no la tengas. Tú eres una persona especial y con un propósito muy importante en la vida, y … ¿Quieres saber algo…? Tu sombra siempre ha estado ahí contigo y eres tú quien no ha querido verla por querer ver la de los demás.
Este encuentro tan especial con el duende lo hizo darse cuenta de lo importante que era como persona, aunque no quisieran ver su sombra y de lo feliz que era con la gente que tenía a su alrededor, principalmente su madre. Al regreso al pueblo, todos los niños lo estaban esperando ya que se habían enterado de su hazaña. Lo recibieron como un héroe, porque sin darse cuenta les dio una lección a todos de valentía y confianza”.
Moraleja:
A veces nos gustaría ser como los demás sin motivo, pero en realidad todos somos diferentes.
Para ser felices tenemos que empezar por aceptarnos tal como somos y también a las otras personas sin condiciones.
Mientras, la madre del niño, una mujer trabajadora, de carácter muy comprensivo y dulce, tenía siempre una respuesta para todo.
Un día, cansada de que se rieran de él, le preguntó a su madre:
- ¡Mamá! ¿Por qué no tengo sombra?
- Hijo mío – respondió la madre – Quiero contarte una historia que tu abuelo me narró cuando tenía tu edad…
“Se trataba de un niño que salía al bosque, a la búsqueda de su sombra y que pasaba muchas dificultades como hambre, frío y muchísimo miedo. Su única compañía eran los animalitos que iba encontrándose por el camino: conejitos, ciervos, muchos pájaros, osos y también serpientes. Tuvo que enfrentarse a algunos algo peligrosos. ¡Cuánto sacrificio para hallar su sombra!
De pronto se le apareció un duende, un ser pequeño como todos los duendes, con unas ropas muy coloridas. Además, todo su entorno brillaba, era como si estuviera en otro mundo. Era el guardián de un pequeño paraíso que sólo se podía ver en ciertos momentos del día, al atardecer.
Al encontrarlo, éste le ofrecía de beber y de comer, pues se le veía muy cansado y asustado.
Aquel niño, al sentirse protegido, se durmió profundamente y al despertarse al día siguiente, sobresaltado, descubrió que estaba rodeado de una cantidad de duendecillos que habían velado su descanso. Parecían un abanico de colores cada cual más brillante que el otro. El niño no sabía cómo hablar con el duende para explicarle y pedirle ayuda. El duende descubrió lo que necesitaba con sólo mirarlo a los ojos y entonces le dijo:
- ¿Cómo has podido pasar por tantas dificultades? ¿Por qué es tan importante para ti encontrar lo que buscas?
El niño respondió:
- ¡Quiero encontrar mi sombra porque todos tienen una y yo quiero ser como los demás!
- Creo que tienes la valentía suficiente para darte cuenta de que no es necesaria tu sombra. Todos tenemos sombras, pero son diferentes, y tal vez esta búsqueda te haya servido para saber valorar lo que tienes sin dejar de lado a los demás – dijo el duende - . Y añadió:
- No busques fuera de ti. Que nadie vea tu sombra no significa que no la tengas. Tú eres una persona especial y con un propósito muy importante en la vida, y … ¿Quieres saber algo…? Tu sombra siempre ha estado ahí contigo y eres tú quien no ha querido verla por querer ver la de los demás.
Este encuentro tan especial con el duende lo hizo darse cuenta de lo importante que era como persona, aunque no quisieran ver su sombra y de lo feliz que era con la gente que tenía a su alrededor, principalmente su madre. Al regreso al pueblo, todos los niños lo estaban esperando ya que se habían enterado de su hazaña. Lo recibieron como un héroe, porque sin darse cuenta les dio una lección a todos de valentía y confianza”.
Moraleja:
A veces nos gustaría ser como los demás sin motivo, pero en realidad todos somos diferentes.
Para ser felices tenemos que empezar por aceptarnos tal como somos y también a las otras personas sin condiciones.
Andrés Aarón Fernández Sáez.
6º Primaria.
Me quedo con tu mensaje final: ¡Qué importante es aceptarnos a nosotros mismos, chaval!
ResponderEliminarVer esto 5 años después y recordar aquellos tiempos discutiendo con Marcelo, cuando yo era ese pequeñajo regordete con melena, un rebelde que aún soñaba con cambiar el mundo ¡Un hurra por Marcelo y por el 5° y 6° mixto del 2010, uno de los años escolares que con más cariño recuerdo!
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