martes, 2 de febrero de 2010

La silla comehumanos



La silla comehumanos

En la época de nuestros tatarabuelos se construyó un colegio en Santo Inocencio. Cada día llegaban más niños, hasta que llegó un día que se cerraron las puertas a todo aquel que no estaba inscrito en el colegio. Al no tener más material tuvieron que pedir más a la fábrica Santa Melena. El día uno de enero llegó el material que todos esperaban con inquietud.
Aurelia, la dueña de una de las sillas, dijo:
- Me quedaré con ésta; es la mejor y es más bonita que las otras.
Pero no sabía que no era normal del todo; no le habían vacunado contra la gripe “n”,
que significa gripe de los nervios. Mientras los demás compañeros elegían su silla, Aurelia se fue a un rincón con la caja en la mano. Después de quitarle los papeles que la envolvían, Aurelia decidió sentarse un rato en el rincón de los inocentes y, de repente, ¡Aurelia había desaparecido!
Cuando todos acabaron de abrir sus sillas se dieron cuenta de que faltaba Aurelia. Abrían y cerraban las puertas buscándola, pero no aparecía y decidieron gritar:
- ¡Aureliaaaaaaaaaaa! ¿Dónde estás?
Hasta que pararon de gritar. Un niño se había dado cuenta de que la silla que había
elegido Aurelia estaba en el rincón de los inocentes, y se fue corriendo a decírselo al profesor.
Mientras buscaban a Aurelia escuchaban unas voces que decían:
- Siéntate…
Todos pensaron que era Aurelia la que estaba hablando. Por eso un niño se atrevió y…
¡cham!, desapareció también, y otro, y otro, y otro, y otro, y otro… y así sucesivamente.
Así fue cómo el colegio se fue quedando poco a poco sin niños y, hasta hoy, sigue existiendo la silla comehumanos.


Cintia Martins Carvalho.
6º Primaria.

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