
Había una vez un pez llamado Colorín. Él era de tamaño mediano, de color amarillo, celeste, azul fuerte, negro, verde flojo, verde fuerte, rosa y violeta. Era muy bonito, una especie de pez no muy vista en el Mundo. Vivía en un acuario muy grande, con el agua cristalina. Tenía muchos amigos: grandes, pequeños, medianos, gordos y flacos, pero todos muy buenos.
Un día Colorín fue perdiendo el color amarillo. No le gustó mucho porque era su color favorito, pero se aguantó y lo comentó en la reunión del acuario.
Roberto, que era el más grande, naranja, bueno y amable del acuario, dijo:
- Eso no puede ser cierto, eres el pez más bonito del acuario.
- Ya lo sé, pero no sé qué me pasa. ¿Perderé más colores? – dijo Colorín-.
Lolo, el pez más pequeño, verde y el más listo del acuario dijo:
- Según mis investigaciones he llegado a la conclusión de que lo que te pasa es cosa de los peces como tú y sí, perderás todos los colores.
- Yo no quiero perder mis colores – dijo Colorín llorando -.
Como se había hecho de noche se fueron a dormir y cuando vino David, el chico que les daba de comer, que era alto, rubio y delgado, vio que Colorín ya no tenía color amarillo. Lo cogió, lo observó, pensó que era normal y lo dejó descansar.
Cuando se despertó vio que le faltaba el color negro y fue a ver a Lolo.
- Cuando pierda todos los colores, ¿de qué color se me pondrá la piel? – preguntó Colorín nervioso-.
- Cuando pierdas los colores quedarás totalmente blanco – respondió Lolo-.
Al saber esto convocó otra reunión. Cuando estaba todos dijo:
- Amigos del acuario, quería comunicaros que con el tiempo me volveré blanco y no saldré de mi casa, así que quería pediros que si no os importa me traigáis algo de comida y la dejéis en la puerta, no quiero que veáis lo horrible que estaré-.
- Pero eres nuestro amigo –dijo Roberto.
- Ya lo sé, pero no tengo otra opción- dijo Colorín disgustado-.
Y se dio cuenta de que estaba perdiendo el color rosa y se fue corriendo a su casa.
A la media hora Roberto tocó en la puerta y le preguntó cómo estaba. Al ver que Colorín no le respondía se fue y al momento llegó David a darles de comer. Cuando Colorín salió a buscar comida vio que sólo le quedaba el color violeta. Se dio media vuelta y sin coger comida ni nada se fue a su casa. Al ratito tocó en la puerta Lolo para darle comida de un color anaranjado pero muy buena.
Colorín la cogió y le dio las gracias desde dentro de la casa.
Al día siguiente ya era blanco, estaba triste y solo, había dejado un poco de comida y se la comió. Al acabársele la comida, salió de su casa a despedirse de sus amigos, pero ocurrió un milagro: ¡Había recuperado los colores! Muy contento empezó a saltar, a gritar y a cantar por todos lados como un loco, estaba muy feliz. Por la tarde organizaron una gran fiesta con globos, peces tambor, peces payasos, etc.
Al final todo se arregló y Colorín fue muy feliz para siempre.
Lucía Marroche Graña.
5º Primaria.
Me ha encantado tu cuento, Lucy. Tienes muy buenas dotes creativas.
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